Días 304 y 305: Efectos secundarios, el nuevo grupo de moda

Soy de esos que ha sufrido efectos secundarios de la vacuna. Pfizer por cierto. Uno de esos que, según las empresas, solo son 1/10 vacunados, pero cuando hablas con gente de tu entorno que también ha sido vacunada resulta que el porcentaje aumenta a un 50% o más. Me desperté mareado. De hecho, cuando me levanté de la cama me tuve que tumbar de nuevo porque se me nubló todo. Después, dolores de cabeza, el estómago revuelto... No fue un buen día, pero quizá el peor mejor día de mi vida al saber que estoy vacunado y, por lo tanto, contribuyendo a que el virus no se propague tan rápido y, así, salvar vidas.

Ya el miércoles, pensaba que todo iba bien, que se me habían pasado los efectos secundarios, y fui a trabajar. Sin embargo, la sensación de bienestar solo había sido un espejismo provocado por el descanso acumulado por la noche. Una vez estuve en contacto con los niños y volví a usar energía bajo el sol, la batería se me acabó muy rápido y regresaron los mareos. Duré solo dos horas y volví a casa con el objetivo de recuperarme del todo. Porque este trabajo te exige que eso, estar al ciento por ciento, si estás a medio gas es como si no estuvieras.
 

 

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