Día 348: La herida

El jueves regrese a casa con uno de los niños, el que tiene un autismo más severo. Su madre va conduciendo y nosotros detrás, como en un taxi. Y todo es como en el centro de día. Le doy la mano para que me la toque y la acaricie. Nos damos palmadas. Se intenta quitar las zapatillas y, mientras en el centro no se lo permitimos, en el coche no queda otra que dejarle ir descalzo. Porque su madre va conduciendo. Y otra de las cosas que ocurren con él en el centro es su pequeña obsesión por quitarnos la mascarilla. Ese día, en el coche, lo intento, y me hizo daño. Tanto que, al bajarme del vehículo, noté algo en mi nariz, me toque, y tenía bastante sangre en los dedos. Ahora tengo una bonita cicatriz que este niño me ha regalado como despedida, para que me acuerde de él tras irme, al menos durante unas semanas. Esa misma noche empecé a ver Atypical, una serie de Netflix en la que un chico autista de 18 años empieza a buscar una novia. Este chico puede permitírselo a pesar de sus enormes dificultades. Sin embargo, el niño que me causó la cicatriz, también autista pero en un grado mucho más grande, ni se lo plantea. En su mundo no existen las parejas. No creo ni que comprenda que sus padres son pareja. Este día también tuve otra entrevista de trabajo por zoom para trabajar en un Vilnius en una empresa internacional. Como de la empresa de Kaunas no me decían nada, y las sensaciones eran muy malas, la oportunidad en Vilnius me parece una enorme oportunidad. Y sería interesante vivir en una ciudad lituana, distinta, la capital, a la que no he ido, y en la que ahora tengo la posibilidad de establecerme. Y no voy a visitarla este último fin de semana (en principio el último hasta que no se demuestre lo contrario) en Lituania porque tengo esa esperanza.




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