Día 347: Dos cosas
La chica de recursos humanos me dijo que probablemente el miércoles recibiría una noticia sobre si me cogían o no en el trabajo en Kaunas. Aunque pensaba que no me cogerían por las malas sensaciones tras la segunda entrevista, estaba de los nervios. Lo notaba. Una especie de caliente escalofrío constante me recorría el cuerpo, y el corazón me latía más rápido de lo habitual. Yo solo intentaba no transmitir esas emociones a los niños, que perciben los sentimientos de una manera mágica, como si la discapacidad les otorgase un sexto sentido para ese tipo de cosas. Lo que no podía evitar era estar atento al móvil constantemente, a cada sonido, por si entraba un correo o un sms anunciando algo. Pero no llegaba. Pasaban las horas y no había noticias. Al final, acabó el día y no me dijeron nada. Me sentí traicionado. Y, sobre todo, me fastidió el no haber disfrutado el día con los niños, uno de mis últimos días en el centro, por estar nervioso y pendiente de cualquier comunicación. Eso es lo malo de estar a dos cosas tan importantes a la vez, que la concentración nunca puede ser plena.


Comentarios
Publicar un comentario