Día 328: Pseudoausencia
Hay un niño que es el alma del centro. Y se demostró esta semana. Él estaba de vacaciones con su familia. Se fueron a una casa a la orilla de un lago. Mucha gente en Lituania tiene una segunda vivienda a orillas de los numerosísimos lagos que recorren el país. La madre, por cierto, al regresar nos contó que se había comportado mejor de lo que esperaba, que se nota que está madurando y que han podido incluso visitar algunos lugares sin ningún problema. Mientras ellos hacían todo esto, nosotros en el centro seguíamos hablando de este niño. Hasta ausente, siempre está presente. Es una de esas personas con un carisma desmedido que cuando no están dejando un vacío gigantesco que cubres con la palabra, nombrándolo, comentando sus acciones. La verdad es que el lunes me pareció normal que hablásemos bastante de él, lo que no me esperaba es que el viernes siguiésemos igual. Pero, de hecho, si yo voy a echar de menos a un niño es a él. Si me preguntasen a cuál me llevaría en la maleta, ni me lo pensaría. Con su gracia y con sus episodios de rabia. Con todo.


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