Día 312: Bicicleta y empoderamiento
El miércoles estuvimos paseando con los niños por Panemune. Los niños tuvieron un buen comportamiento aunque, a veces, no pudieron evitar episodios de frustración por el cansancio, de echarse a correr con tanta libertad alrededor o de enfadarse por lo que sea. Sin embargo, el peor comportamiento no fue de los niños, sino de un chico y una chica en bicicleta de montaña de estas muy caras que iban demasiado rápido sin tener en cuenta que no estaban solos en el parque. Pasaron tres veces por nuestro lado y en las tres pusieron en peligro a los niños porque era tal la velocidad que frenaban a tope y, sin embargo, la bici seguía desplazándose. Repito, tres veces. Es decir, sabían que estábamos en ese camino cuando regresaban y mantenían el mismo ritmo. Aunque lo peor es que cuando pasan a tu lado hacen un chasquido de molestia, como si nosotros no tuviésemos el mismo derecho a estar allí que ellos. Como si fuésemos nosotros los que conducimos a toda velocidad en un lugar público sin respetar las normas de convivencia que cualquier persona con dos dedos de frente sabría interpretar sin necesidad de que lo diga una ley. Pero supongo que es lo de siempre, que al ser humano la máquina le da status, poder, como ocurre en la relación entre los conductores y los peatones. El que va en la máquina se siente por encima, en ese instinto animal llamado jerarquía que la humanidad nunca podrá superar.



Comentarios
Publicar un comentario