Día 307: Apego

El otro día una madre del centro dijo que su hija me nombraba muy a menudo, que estaba todo el día Oscaras no sé qué, Oscaras lo otro. Y no es por mérito mío, sino porque siempre ha tenido una relación especial con los voluntarios masculinos, igual que con su padre parece tener un vínculo especial respecto a su madre. Entonces, yo tengo que intentar mantener la distancia, que no se acerque todo el rato a mí, pues hay que quitarle esa dependencia emocional hacia los hombres. Ahora mismo somos 9 trabajadoras y yo en el centro de día. Es decir, la presencia masculina es mínima. Y a partir de septiembre parece que llegará una nueva voluntaria así que todos los referentes serán femeninos. Para esta niña, quizá sea positivo, pero para otros, especialmente chicos, es negativo porque les resulta más fácil establecer amistades con personas del mismo género, como casi todos durante nuestra infancia. Es un debate con difícil desenlace. Pero más complicado aún es encontrar hombres con perfiles profesionales para este tipo de centros o, incluso, voluntarios masculinos que se ofrezcan a esta clase de proyectos. Al final, tiene que ver con los roles de género que, de alguna forma, están afectando al desarrollo de los niños y niñas.


 

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