Día 298: La sombra al final del tunel

Creo que ya he aceptado que mi experiencia en el centro de día se acaba. Estaba notando el final cada vez más cerca, pero no había aceptado esa proximidad. Ya sí. El pasar la barrera de los dos meses ha sido la clave. El calendario ya se achica a pasos agigantados y no voy a luchar porque sobreviva, he aceptado la derrota ante el paso del tiempo.

Esto supone dos cosas. Primero, un barullo emocional importante, sobre lo vivido y sobre el futuro. Y hay que intentar combatir ese barullo emocional para poder disfrutar del presente, de los días que me quedan en el centro. No hay que dejarse llevar por las emociones pero también hay que reconocer que, a veces, no puedes hacer nada para que no te dominen. 

La segunda cosa es visualizar la despedida. Quizá esa palabra, despedida, es la que más odio del diccionario. Y no lo digo por postureo. Se me da realmente mal despedirme. Si es que puedo decir que se me dan de alguna manera porque, en realidad, las evito. Hago como si no pasase nada. Pero en esta ocasión habrá que asumir la despedida y hacerlo lo mejor posible. De lo contrario, sé que arrepentiré toda mi vida. Lo sé porque me pasa con otras despedidas que obvié por completo. 



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