Día 288: Adivina adivinanza

Soy como un niño al que le encantan los juegos. Podría estar todo el día jugando a lo que sea y el domingo, en la terraza de un bar, se me ocurrió elegir a una persona que pasase por la calle y intentar acertar cuál es su vida, aunque nunca pudiéramos confirmar si estamos en lo correcto. Este juego no solo sirve para fomentar la imaginación, sino también para darte cuenta de que siempre pensamos sobre los demás desde un punto de vista positivo, somos más capaces de imaginar la felicidad que la tristeza, las virtudes que los defectos, las facilidades que las dificultades. Por eso me resulta tan curioso que luego lo que más salga por nuestra boca sobre los demás sea, sobre todo, negativo. Es como si la imaginación y la realidad no tuvieran concordancia ninguna.


 

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