Por fin saco tiempo para retomar el diario y lo hago
contando brevemente mi viaje a la costa. Fuimos en coche y, en lugar de
coger la ruta más corta, la autopista, tomamos una carretera secundaria
para parar en algunos sitios preciosos como Vilkija, Raudone Pilis o
Panemune Pilis. La primera gran parada larga fue en Silute, una ciudad
poco conocida para los extranjeros que merece mucho visitar por su
ambiente cultural y porque está rodeada de un entorno natural
alucinante, como un río cuyo nombre significa "Excremento", pero eso no
evitó que nos diésemos un chapuzón.
Llegamos
tarde al hotel (el Arona, no es broma) en Palanga y nos recibió una
pareja que nos trató estupendamente durante los cuatro días,
preguntándonos qué tal, recomendándonos cosas, siempre a disposición
para ayudar. Incluso ella se preocupaba porque yo comiese más porque
decía que estoy demasiado flaco. El viernes fue día de playa por la
mañana. El agua del Báltico estaba más fría de lo que me esperaba y, de
la misma manera, el sol picaba más de lo que uno piensa de Lituania. Así
que por la tarde, en lugar de regresar a la playa, alquilamos unas
bicis y nos hicimos un recorrido por pleno bosque hacia Sventoi, una
especie de Alicante en miniatura y que está muy cerca de la frontera con
Letonia.
Regresamos a
Palanga y dimos un paseo. Entonces, ocurrió algo inesperado. Durante el
paseo, una pareja nos paró y nos invitó a su apartamento. Teníamos
serias dudas pero nos dejamos llevar y entramos a un edificio antiguo
situado en uno de los mejores lugares de toda Palanga. Además, el
apartamento era muy lujoso, con un balcón alucinante, enorme, el
presidencial se podría decir porque era el más amplio de toda la
construcción. Resulta que el abuelo de la chica, el propietario, es un
político. Con esta pareja aprendí mucho de los convencionalismos, los
roles de género y de Historia de Lituania. El chico explicó que si, tras
el instituto, no sigues estudiando, te obligan a ir al ejército, como a
él. Me dijo, literalmente, que Rusia tiene 3 millones de soldados y
Lituania solo tiene una población de 3 millones. Por eso necesitan que
enseñar a la población a defenderse. Estuvimos bebiendo con ellos hasta
que, a las 4:30 de la mañana, un vecino amenazó con llamar a la
policía.
Comentarios
Publicar un comentario