Día 284: La tormenta

La noche de San Juan es una de las más importantes del año en Lituania. La celebran a lo grande. Hay hogueras, pero no es lo principal. En la celebración, los ríos tienen mucha importancia. Si en España lanzamos recuerdos y demás al fuego, aquí lo hacen al agua. Tienen una fuerte tradición para la que usan, incluso, algunos atuendos específicos. Este año, la fiesta se paralizó por una fuerte tormenta. Fue tremendo como, en un minuto, el clima pasó de ser soleado a una profunda tempestad con un viento fortísimo, una lluvia intensa y rayos que flasheaban toda la ciudad. La tormenta era muy baja, muy cercana a los edificios, y asustaba. No os podéis imaginar cuántos árboles, al día siguiente, estaban por los suelos.

Aquí dicen que, si hay dos días seguidos como más de 30 grados, prepárate para una fuerte tormenta. La primera vez se ha cumplido y acababa de empezar oficialmente el verano. Así que supongo que tendremos más tempestades los próximos dos meses. Sinceramente, me encantan las tormentas, siempre que me pillen en cada. Disfruto contemplarlas, me impactan visualidad, me alucina ese olor particular que tienen y que puedo percibir ya unas horas antes de que lleguen. Por eso, en el último momento, decidí quedarme en casa y no ir a la celebración de San Juan, porque notaba, desde que salí a la calle por la mañana, que la tempestad ya estaba muy muy muy cerca de explotar. Y no me faltó razón.
 

 

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