Día 282: El vacuno

Por fin. Por fin me han puesto la primera dosis de la vacuna, Pfizer, a mi elección. Me ha costado sudor y casi lágrimas porque, al ser voluntario y no empleado, ser extranjero y no lituano, y estar trabajando en la región de Kaunas y no Kaunas ciudad, he tenido que luchar para que me la pudieran. ¿Discriminación? Pues sí, para qué nos vamos a engañar. Pero bueno. El conductor del centro de día me llevó hasta el lugar de vacunación, un nuevo pabellón para el equipo de hockey hielo. Lo estaban construyendo justo cuando apareció la pandemia y decidieron impulsar las obras para tener un espacio para vacunación masiva. Entre la amplitud de la pista y las otras salas que hay en el pabellón, se ha podido organizar muy bien el sistema. Fue rápido, seguro y eficaz. La verdad que me ha sorprendido para un país administrativamente tan caótico como Lituania. La doctora que me vacunó no sabía ni una palabra de inglés, pero nos desenvolvimos en lituano. Ella me contó que en su infancia le enseñaron ruso y no inglés, me preguntó qué estudiaba y le expliqué mi voluntariado y, por último, me dijo que estaba muy moreno. Después, de vuelta al centro con el conductor. Con él fue muy raro porque tanto en el trayecto de ida como en el de vuelta (unos 20 minutos cada uno) no cruzamos palabras. Por las barreras del idioma sí, pero también por su actitud distante y fría conmigo. No le culpo porque es normal aquí, aunque es raro raro raro.

 



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