Día 279: Guerras de agua

Las guerras del agua han empezado y ya no hay quien las pare. Y da igual el arma o el atuendo, no existe defensa posible, uno va a acabar empapado. En el centro tenemos dos piscinitas pequeñas en las que caben, a duras penas, tres niños sentados. Pero es suficiente para que la diversión sea máxima. Entre las piscinitas, unos cubos y un par de juguetitos más, se montan unas largas batallas de agua que son difíciles de evitar por mucho que los intentes. Los niños se las ingenian para empaparte. Y, después, hay que coger la guagua mojadísimo mientras todo el mundo te mira.

Yo pensaba que me libraría de la primera batalla porque estaba en un banco sentado con uno de los niños que va en silla. Yo le sujetaba para que no perdiese el equilibrio y, bajo ningún motivo, podría soltarle. Creía que el niño me serviría de escudo. Y estuvimos bien secos durante un tiempo porque nos ignoraron hasta que... Ocurrió. Se centraron en nosotros y, de pronto, en unos segundos, pasamos de no tener ninguna gota encima a que nos hubiese caído un tsunami. 



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