Día 268: La arena

Comenzamos la semana con la llegada de la arena al centro. Tenemos un cuadrado de madera de 1'5x1'5 más o menos que se ha convertido en una miniplaya. Desde el primer instante, los niños se han lanzado a jugar allí. A uno, en concreto, le apasiona. Y siempre repite la misma rutina. Con la pala, hace un hueco profundo. Mete en el hueco un par de juguetes y les pone toda la arena posible. Entonces, gesticula para indicarme que los busque y yo escarbo con delicadeza, para alargar el juego. Cuando se empieza a entrever alguno de los juguetes bajo la tierra, el niño se excita muchísimo, y más cuando lo extraigo del todo. Así, una y otra y otra y otra y otra vez. Veces infinitas y cada una de estas veces la sorpresa es la misma.

Ocurre lo mismo cada día que viene al centro. Entra y hace gestos como si nunca antes hubiese estado. Nos saluda como si fuese la primera vez que se encuentra con nosotros. Y se agradece mucho tener al lado una persona con esa capacidad de sorprenderse incluso en lo rutinario. Creo que es un superpoder que muchos que viven amargados querrían tener.
 

 

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