El sábado me fui hasta el
Fuerte VI, una de las fortalezas defensivas que los soviéticos
construyeron en la ciudad a principios del siglo XX porque se veían
venir la Primera Guerra Mundial. A día de hoy, el Fuerte VI es un museo
de la guerra en el que se despliega un abanico de vehículos bélicos,
cañones, aviones de ataque... En mi opinión, es positivo formar a la
gente en las consecuencias de las guerras para que no se repitan. Pero
ponerle delante las armas puede ser peligroso porque las herramientas
son las que despiertan sentimientos y comportamientos desconocidos en el
ser humano, y los dispositivos electrónicos que usamos hoy son el mejor
ejemplo.
Justo delante
del Fuerte hay una rotonda repleta de cruces para homenajear a los que
murieron defendiendo la ciudad desde ese rincón. Todavía no me he
encontrado en Kaunas una cruz que no dé mal rollo. Quiero decir, las
cruces de por sí dan mal rollo porque representan la muerte, pero es que
las de Kaunas están decoradas de una manera especialmente tétrica.
Por
la noche, fui a cenar fuera, en una pizzería. Y después, a dar un
paseo. Lo más llamativo de la noche de Kaunas es que hay música en la
calle por todo el centro de la ciudad. Los bares la ponen (con ciertas
limitaciones horarias) así que las cenas y los paseos son bastante
animados. Además, le da a la ciudad un eterno ambiente festivo y de
modernidad. Y me gusta, me gusta.
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