Cuando trabajas con niños con
discapacidad mental, no quiere decir que todos sus comportamientos sean
producto de la discapacidad. A veces, es simplemente por la falta de
madurez normal en un niño o porque en su casa no le han educado como
deberían, no le ponen las barreras necesarias. Y hay un niño en concreto
que me inspira justo eso, que en casa la permisividad es muy alta y,
entonces, cuando llega al centro y debe convivir con un grande de niños,
le falta educación.
Quiere
hacer siempre lo que le da la gana y no acepta un no por respuesta. Si
intentas llevarle la contraria, empieza a gritar. Aunque lo peor es que,
cuando ve a otro niño jugando feliz, intenta fastidiarle. Por ejemplo,
el miércoles yo estaba jugando a los bolos con otra niña. Lo estábamos
pasando muy bien, y él estaba en un patinete. Pues cada vez que poníamos
los bolos de pie él los tumbaba con el patinete. Y ese comportamiento
no se debe a su discapacidad, sino a su mala educación, a su ausencia de
respeto hacia el resto.
En
definitiva, los niños con discapacidad mental tienen dos vertientes.
Ser niños, personas, y la discapacidad. Y, a veces, nos centramos tanto
en mejorar los comportamiento provocados por la discapacidad que nos
olvidamos de enseñarlos en la otra vertiente, en ser niños, personas,
respetuosas, educadas y civilizadas.
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