Día 253: Kaunas, la ciudad que oscila
El domingo di un paseo de tres horas por el centro de
Kaunas y alrededores. Cada vez tengo más claro que está ciudad guarda un
encanto especial, cierta ternura y una belleza que oscila entre la de
un pueblo y una gran urbe. Ese verbo, oscilar, creo que es el que mejor
encaja con Kaunas y sus habitantes. Están las viejas generaciones con
sus vestimentas y comportamientos tradicionales, y las nuevas, que lucen
modernidad por todos los costados. Están las antiguas casas terreras y
los edificios soviéticos, y la arquitectura contemporánea futurista.
Generalizando, la gente de Kaunas es tan desconfiada como acogedora, tan
fríos como calurosos, tan de quedarse en casa como de reunirse en los
parques. Con cada paseo percibo lo indescriptible que resulta esta
ciudad y los kaunasianos/kaunienses/kaunasitas/como se diga. Quizá es
porque se trata de un lugar que no ha encontrado su sitio en el mundo.
Un lugar que anda en un progreso constante, que no se ha parado ni un
segundo a realizar una introspección. Un lugar que sigue un rumbo con un
destino presumible y, a la vez, nada claro. Todo eso es la maravillosa
Kaunas.



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