Día 251: Bajar la guardia

El pasado viernes fue uno de los días especiales en en centro porque fue el primero de una nueva etapa, la etapa sin el chico que se debía marchar la cumplir 18 años y que, hasta entonces, ejercía de rey. Este chico podía llegar a ser déspota y su comportamiento, como buen adolescente, incontrolable. Así que en su primer día de ausencia, los otros niños tenían una energía diferente, mucho más calmados. Nunca he visto a un grupo de personas que se influyan tanto entre ellos como estos niños. Es alucinante. No sólo porque imiten gestos, acciones y demás. Hablo del estado de ánimo. Las emociones de uno afectan a todos.

En el caso del viernes, la tranquilidad del grupo produjo que algunos niños que no aguantan ni 20 minutos viendo una película, la viesen entera. Yo estaba con uno de ellos tirado en el mismo puf, abrazados. Era como si ese niño enérgico, caótico, se hubiese convertido en una otra persona más cabal en el sentido estricto de la palabra. Así que bajé la guardia y cuando, después, fuimos los dos solos al lago, casi acabo dentro por un empujón suyo. 

Nunca hay que dejarse llevar por un comportamiento esporádico, siempre hay que mantenerse atento a que sus comportamientos habituales aparezcan. De lo contrario, ellos notan que estás desprevenido y lo aprovechan.

Además, el viernes hablé mucho de periodismo y fui al bar Kultura, situado en la casa de un artista llamado George Maciunas que inició un movimiento para democratizar el arte. 
 


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