El miércoles, nada más llegar al centro, me encuentro
con una niña llorando. Otro niño le había pegado sin razón aparente, lo
cual no me sorprendió. A partir de ese momento, comienza el reto de
"recuperar" a esa niña, que acepte las disculpas del otro niño y que
deje de llorar para que se olvide de todo. Es como un reseteo. En ese
caso, para conseguirlo, yo me convertí en su muñeco de carne y hueso. Me
dejé hacer de todo, incluso temí por la integridad de mi pie derecho
porque perdió la circulación durante mucho tiempo y, de hecho, al volver
a la normalidad, caminaba cojeando.
Esta
niña suele ser brusca pero no tanto. De algún modo, permití que
descargase la frustración acumulada sobre mí. Es un sacrificio, pero un
sacrificio necesario de unos minutos para que el resto del día ella
pueda tener un mejor comportamiento.
Este
día regresó Nova, la perra adiestrada que, por el covid, llevaba sin
venir al centro desde octubre. Estamos recuperando cierta normalidad en
ese sentido. Gente externa acude al centro a realizar distintas
actividades y en las última semanas hemos tenido a Nova, terapia
musical, terapia artística, policías y una enfermera que enseñó a los
niños cómo poner una venda para tapar una herida o una fractura. Aunque
las vendas acabaron rodeando la cabeza de uno de los niños, que se metió
de lleno en el papel de momia.
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