El sábado me desperté con ganas de descubrir algún
rincón nuevo de la región de Kaunas. Muy cerca de la ciudad está un
pequeño pueblo que me habían recomendado, Raudondvaris. Los puntos de
interés son, básicamente, tres. Para empezar, la iglesia de Santa
Teresa, un humilde edificio que sufrió severos daños durante las dos
guerras mundiales. Está rodeada de un jardincito con motivos religiosos
curiosos de ver. Por dentro, no es nada espectacular pero resulta muy
acogedor. Cuando entré, la misa estaba a punto de empezar y me quedé
unos minutos. Escuchar al cura en lituano lo cambia todo, como si todo
el rito fuese distinto. Además, era una misa cantada en plan gregoriano y
eso sí que impresionaba.
El
segundo punto de interés es el antiguo complejo que fue residencia de
numerosas familias nobles durante siglos. Está formado por varios
edificios que en su día fueron un establo o casa para los empleados.
Pero el principal atractivo es el castillo en el que vivían los
aristócratas. Lo llaman castillo porque tiene una torre, pero en
realidad es una mansión. Lo curioso es su color rojo y su contraste con
el paraje tan verde que le rodea.
Y
justo ahí está el tercer punto de interés, en el bosque que empieza
justo detrás del castillo. Es amplísimo, lleno de caracoles, mariposas y
pájaros. Yo recorrí una parte y lo que más me llamó la atención fue no
cruzarme con gente más que dos hombres. Por lo tanto, pude disfrutar de
los sonidos de la naturaleza son ninguna distracción. Lo más bonito de
este bosque es el campo paralelo y al que no se puede entrar porque está
vallado. Sin embargo, se observa sin problemas el inmenso manto
amarillo formado por las pequeñas flores de este color y que colonizan
Lituania desde la primavera al otoño. En serio, estas flores están por
todas partes.
Cuando
regresé, jugamos al baloncesto y, después, el plan era jugar al
paintball. Habíamos reservado, pero cuando llegamos al sitio, estaba
cerrado. Llamamos y nos dijeron que alguien vendría en 10 minutos. Tras
20 minutos nadie había aparecido. Así que nos quedamos con las ganas,
que aliviamos jugando al baloncesto, otra vez.
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