Recuerdo cuando, de pequeño, jugaba al fútbol en un
campo de césped artificial y me sentía un privilegiado. Sobre todo
porque los campos suelen estar cerrados a cal y canto hasta que el
ayuntamiento se dejó la pasta en construir uno que iba a servir para
mucho y ha servido para tan poco que lo dejaban sin candado. En Kaunas,
los institutos suelen tener anexo un campo de fútbol de césped
artificial. Y lo mejor es que, fuera del horario escolar, están abiertos
a todo el mundo. Así que el domingo nos fuimos a jugar un buen rato
antes de poner rumbo al centro de la ciudad para celebrar el Día de
Europa.
Pintamos
banderas en el suelo, respondimos unas preguntas sobre la Unión,
escribimos lo que mejoraríamos en nuestro continente, comimos helado...
Fue un rato bastante simpático aunque, para mí, bajo la sombra del covid
porque éramos un grupo amplio reunido en círculo y aquí los contagios
solo crecen y crecen a pesar de la vacunación. No obstante, el Gobierno
no ha podido mantener más tiempo cerrados los comercios, los bares, los
restaurantes, las tiendas... Ha abierto todo, con limitaciones. Y la
gente está olvidando que sigue siendo arriesgado ir a uno de estos
lugares. Que abran los establecimientos no quiere decir que tengas que
ir porque hay algo que se llama responsabilidad individual. Pero si algo
me ha demostrado la pandemia es que somos hijos de papá estado, que si
papá nos deja salir, salimos aunque sea un peligro para la salud.
Comentarios
Publicar un comentario