Día 231: Carrera de obstáculos
El jueves pasado hicimos mi nueva actividad. Una vez fui a tirar el cartón al contenedor de reciclaje y encontré unas cajas que, por su forma alargada, podrían servir para crear algún juego en el que se desplazase una bola. Ya he dicho que a los niños y niñas del centro les encanta jugar con pelotas y verlas ir de un lado a otro. Así que se me ocurrió crear una carrera de obstáculos, una rampa por la que bajase la pelota tropezando con objetos hasta caer dentro de un vaso al que le le corresponde una puntuación. Para los obstáculos, cogí todas las tapas del museo del alcohol que tenemos en casa sobre la nevera, usé un fino tubo de papel de cocina y ramas que recogí una noche y que corté para darle el tamaño adecuado. Construí dos juegos de este tipo, uno que decoré y que sirviese a los niños de ejemplo para decorar el otro. Estoy contento porque les ha atraído bastante y han dedicado tiempo a jugar. Aunque, eso sí, no puede evitar tirar de los obstáculos para cogerlos y ver lo que son y a veces los despegan. Pero bueno, por suerte existen las pistolas de silicona, que se están convirtiendo, junto a los cúter, en mis mejores amigas. De hecho, antes de venir a Kaunas pensaba en todo ese tiempo perdido en las clases de tecnología aprendiendo a manejas la silicona y los cúter para nada, para luego no usarlos nunca más en mi vida. Pues mira, al final la vida me ha colocado en un sitio en que esas aptitudes me están siendo útiles.



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