Día 229: Luces y sombras
El martes fue un día de un par de luces y una sombra muy grande. En cuanto a las luces, dos niñas y yo cocinamos una tortilla por la mañana. Les encantó participar en el proceso y también el resultado. Me gusta que, con este proyecto de las recetas españolas, entiendan que pueden ser autosuficientes para cocinar usando ciertos productos básicos, huevo y patata en este caso. Además, estuve otra hora bailando con la niña en silla de ruedas con la que ya bailé el viernes. Pero esta vez fue muy diferente porque le desaté el arnés para que ella tuviese algo más de "movilidad". Lo pongo entre comillas porque esa movilidad consiste en mover la cabeza de un lado para otro y repetir el mismo limitado movimiento de manos, abriendo y cerrando los dedos. Ese movimiento de manos no es recurrente en ella. De hecho, el otro día explicaba que ella no movía más que la cabeza. Y es verdad, ese movimiento de manos es algo excepcional. Bailando el martes me di cuenta de por qué. No disfrutaba del todo haciéndolo, ponía la cara de quien hace un esfuerzo enorme. No sonreía, como el viernes. Sin embargo, ella insistía porque quería bailar por sí misma, con mi única ayuda de sostenerle los hombros para que no se cayese hacia adelante por la ausencia del arnés.



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