Día 221: Los días raros

Los días raros en el centro no son en los que vivimos episodios de agresividad por parte de algún niño o varios, o cuando el ambiente está revolucionado. Los días raros son esos en los que no pasa nada, en los que desde el primer segundo hasta el último reina la tranquilidad como si fuese una piscina en Teruel. Encima, si hace un día veraniego, pues todo es más extraño todavía. Lo curioso es que no estás pensando, "ojalá cada día sea así". Lo curioso es que echas de menos los días alterados. Los días patas arriba. Los días que te marcan la memoria.

Y eso me hace pensar que hay una especie de "masoquismo" en este tipo de trabajos. Que quizá a la gente que los lleva a cabo, además del compromiso social, les gusta complicarse la vida, casi que les gusta más sufrirla que disfrutarla. Pero luego la cabeza me da otra vuelta de tuerca y acabó confirmando una eterna sospecha. La vida se disfruta sufriéndola, y por eso se disfruta un trabajo tan sufrido como este. Por eso en los peores días terminas más satisfecho. Por eso no solo le dedicas a este trabajo tu cuerpo y tus ganas, sino también tu mente. Te recreas en el futuro de estos niños cuando se te escape de las manos, un futuro nada claro, por no decir oscuro, y te perturba, te duele, te enloquece, te entristece, te genera impotencia, frustración. Como nos ocurre con el chico de 17 años, al que desde el lunes, ese día tan tranquilo, le queda solo un mes en el centro porque cumplirá 18. Y puede que esa calma solo haya anticipado la tormenta. 



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