Día 217: Autismo y emociones

La gente suele relacionar el autismo con la ausencia de emociones. Y no es del todo cierto. Tienen complicaciones para sentir emociones en su interacción con otras personas. Por ejemplo, uno de los primeros síntomas de autismo en un bebé es hacerle gracietas y que nunca sonría. El amor está casi descartado para los que tienen un grado avanzado de esta discapacidad, también el odio, y la empatía les resulta muy compleja. Pero eso no significa que sean tontos, pueden interpretar los hechos por la educación que han tenido, y saben cuando algo está mal, está bien, cuando alguien les quiere, cuando alguien les intenta hacer daño, cuando alguien les ataca, cuando alguien les defiende, cuando alguien necesita ayuda... Además, a pesar de sus dificultades con las emociones sociales, sí experimentan sus propias emociones, que tengan sus estados de ánimo individuales, que un día se levanten con el pie izquierdo y otro estén radiantes. En estos casos, lo que ocurre es que su discapacidad les obstaculiza la capacidad de expresarlo verbalmente, algo que no se nota tanto en una sociedad con una salud comunicativa bastante escasa.

Sin embargo, como todos, no pueden evitar que sus rostros o el lenguaje verbal indirecto (el tono, los sonidos, etc) delaten sus estados de ánimo. El jueves, uno de los niños con un autismo severo, estaba muy pero que muy cabreado. Lo veías en su gesto enfadado, de mala hostia. Y se pasó la tarde gritando. Grito tras grito, por mucho que le intentáramos calmar. Para mí, esa es una de las cosas más incómodas de trabajar en el centro, que un niño se pase horas gritando. Porque el grito se te mete dentro de la cabeza. Aunque los sonidos no son lo peor, sino que cuando este niño está enfadado, hace cosas que saben que está mal porque ha visto cómo, cuando otros lo intentan, se les echa la bronca. Intenta tirarlo todo, romperlo, quitarte la mascarilla a lo bruto, no permanece ni un minuto sentado en las actividades, se quita todo el rato los calcetines... Es su forma de expresarse. Ya que no habla, hace. Sus actos son su manera de expresarse, de demostrar sus emociones, que las tiene, y en casos como el de un cabreo, las sufre, a pesar de la creencia popular de la ausencia de emociones en el espectro autista.
 

 

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