Día 216: Rally Tenerife-Kaunas
Cuando una de mis actividades funciona con los niños, no os podéis la satisfacción que siento. Sobre todo cuando me la he currado tanto como los coches que fabriqué para que los pintaran y, después, se metiesen dentro, colgándoselos de los hombros, una especie de disfraz para correr por el centro cual piloto conduciendo su vehículo. La idea me surgió cuando busqué en un contenedor de cartón un tipo concreto de cajas y no las encontré. Pero otras me sugirieron la forma de un coche. Y pensé en la especial devoción que sienten estos por todo lo que se mueve y se desplaza. Por lo tanto, les gustan los coches. Los de sus padres son un lugar casi sagrado en el que experimentan cierta excitación al nivel de la relación con una mascota. Uno de los niños que hizo la actividad, por ejemplo, se emociona cuando su madre me lleva hasta la parada de la guagua en el coche porque le encanta enseñar el vehículo que tienen. Otra de las niñas tenía un día malísimo, no quería hacer nada, pero cuando se enteró de que la actividad consistía en pintar un coche, pensó en el de sus padres, dijo el fabricante y el modelo como si se tratase de referirse a una persona con su nombre y apellidos, y se puso manos a la obra para decorar su propio vehículo. El resultado no pudo ser mejor. Estuvieron casi una hora pintando, con lo complicado que es mantenerles tanto tiempo concentrados en una misma actividad. Satisfacción total.







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