El
viernes, en el centro de día emprendimos una nueva aventura por España a
través de sus recetas. Esta vez viajamos hasta Andalucía para elaborar
gazpacho, que consiste básicamente en cortar y mezclar los ingredientes
en sus proporciones adecuadas. A los niños les encanta tener un cuchillo
en las manos (siempre con supervisión, obviamente) porque creo que, al
permitirles manejarlos, sienten que les damos un voto de confianza. Así
que disfrutaron de hacer trizas los tomates, los pimientos, lo ajos o el
pepino. Hicimos el gazpacho pero no lo comimos, esperaremos hasta el
lunes, porque el viernes también fue el cumpleaños de mi tutora y los
estómagos se llenaron con tartas y golosinas.
Y,
de nuevo, tuvimos que afrontar el riesgo de cada cumpleaños, la
sobrexcitación de uno de los niños con este tipo de celebraciones. Los
cumpleaños le generan una emoción incapaz de comprender y controlar,
hasta el punto de afectar gravemente a su comportamiento. Ese día, pagó
la sobrexcitación conmigo, lanzándome piedras que encontraba en el suelo
y enfrentándose a mí porque no le permitía seguir haciendo ruindadas.
No
hubo manera de parar su actitud delirante hasta que su madre vino a
buscarlo, a llevárselo a casa para cenar pizza, como cada viernes. Es
una tradición familiar muy bien impuesta porque este niño necesita
rutinas y, gracias a esta en concreto, tiene el objetivo de acabar la
semana porque sabe que le espera una pizza en la mesa.
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