Día 210: Cabeza de canasta

A veces mis compañeras me dicen que soy más niño que los propios niños, porque tengo unas ideas un poco kamikazes. De hecho, las pienso y las pongo en práctica sin valorar las consecuencias. Como el jueves, cuando metí la cabeza debajo de una canasta un poco más alta que yo y que tenemos en el patio. Se me ocurrió hacerlo para fomentar que los niños jugasen al baloncesto y lo conseguí. Claro que no caí en que se iba a alargar y la pelota iba a golpearme una y otra y otra vez. Fue entre gracioso e incómodo. Pero valió mucho la pena porque las risas de ellos cuando anotaban y la pelota me daba en la cabeza me quitaba cualquier dolor. Algo parecido a otro jueves en el que se me ocurrió usar el carro gigante de las colchonetas para desplazar a tres niños al mismo tiempo. Ellos se descojonaban y resultó muy difícil convencerles de que se bajaran, así que seguí mientras mis compañeras me preguntaban si estaba cansado y yo mentía asegurando que no. Esta experiencia es corta, ya encaramos los últimos meses, y cualquier sacrificio me parece poco para disfrutar con los niños lo máximo posible. 




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