Día 209: El reto
El miércoles afronté un reto bastante grande. Mi tutora me propuso, con cierta incertidumbre e incluso temor, que saliese de los límites del centro a solas con el chico de 17 años. Digo que era un reto bastante grande porque él no estaba teniendo un buen día (por eso la necesidad de que tomase un poco de distancia con el centro), y porque estoy hablando de alguien corpulento, no de un niño que si se le cruzan los cables puedes controlar físicamente. La verdad es que agradezco a mi tutora por la confianza y, aunque me atreví, reconozco que yo tenía tanto miedo como ella. Sin embargo, todo su perfecto. Fuimos a la costa del lago y empezamos a tirar piedras tanto dándoles patadas como con la mano. Lo pasamos bastante bien durante un rato muy largo y, cuando ya se aproximaba la hora de volver para hacer una actividad con el resto del grupo, le comenté al chico que si cogíamos unas flores para llevar un ramo al centro. Le pareció una idea estupenda y regresó muy entusiasmado con su ramo en la mano. Fue todo un éxito.







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