Día 208: La esquina de la cocina

Creo que ya he dicho alguna que otra vez que para los niños del centro la rutina es muy importante, una herramienta con la que ordenar un poco su cabeza. Esa rutina no consta solo de actividades sino también de lugares. Por ejemplo, uno de los niños siempre come sentado en la misma esquina de la cocina. Pero el covid nos obliga a trabajar en dos grupos distintos y, por lo tanto, comer en habitaciones diferentes. El martes, el otro grupo era bastante mayor al nuestro, así que necesitaban comer en la cocina y, nosotros, incluido ese niño que siempre come sentado en la misma esquina de la cocina, debíamos comer en la pequeña sala de música. Para él, ese cambio que no entendía por mucho que intentáramos explicarlo supuso un enfado brutal, una enajenación a la que respondió negándose a comer. Y, de hecho, no lo hizo hasta que se marchó del centro. Me parece un ejemplo muy ilustrativo de cómo cualquier modificación de la rutina tiene sus graves efectos. La cuestión es que la pandemia ha provocado esas modificaciones y sus posteriores consecuencias en la actitud de los niños. Así que menos quejarse por no poder salir de fiesta y blablabla, que si estoy cansado de esta situación que si no sé qué. Hay gente a la que los cambios en la vida diaria sí les afectan de un modo contra el que ellos no pueden luchar mentalmente, no como la mayoría que, por suerte, tiene la capacidad para controlarse pero no les da la gana por una suma de irresponsabilidad y egoísmo.


 

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