Día 206: El Niagara en bicicleta
El domingo viví una situación curiosa con la bicicleta. Me fui adentrando en pequeñas zonas de viviendas cerca de Kaunas, parando para refrescarme en algunas cerca del río. Cuando ya estaba a unos 20 km lejos de casa, después de comerme una mandarina sentado sobre un tronco de árbol, me volví a subir a la bici y me percaté de que algo iba mal. Primero, me di cuenta de que me costaba un mayor esfuerzo desplazar la bici y, poco más tarde, sentí que algo iba mal con la rueda trasera. Exactamente, estaba pinchada. Decidí volver a casa, una tarea complicada por la distancia que debía recorrer con una sola rueda en buen estado. Pero no me quedaba otra. Así que me puse a pedalear al ritmo que me permitía la avería. Lo peor llegó cuando aún me quedaba la mayor parte del camino. De repente, empiezo a notar un pinchazo intermitente y muy incómodo en mi rodilla derecha. El dolor iba aumentando con cada pinchazo. Resistí y resistí. Aunque no pude evitar hacer algunos tramos andando para relajar el dolor. Así, a trompicones, me alegré al ver la silueta de los edificios soviéticos de mi barrio. Creo que nunca nadie se ha alegrado tanto como yo al ver esos bloques de hormigón alejados de cualquier definición de belleza.




Comentarios
Publicar un comentario