Día 195: Los días raros

Hoy he tenido una tarde bastante triste. Primero, porque tuvimos una reunión online con niños de otro centro de día. Un centro de día para menos en riesgo de exclusión social, sobre todo porque proceden de familias con ingresos muy muy reducidos. Eran cuatro niñas cercanas a la adolescencia, con una evidente cara de tristeza bajo la mascarilla. No sé por qué pero soy especialmente sensible a la pobreza y si afecta a niños pues ya me impacta de una manera incontrolable. Y le doy vueltas a muchas cosas. A muchas. Me da una bajona. No lo puedo evitar.

Podéis pensar que he decidido dedicar bastante tiempo de mi vida a la discapacidad por mi sensibilidad hacia las personas que la sufren. Es cierto. Sin embargo, no sería capaz de ser voluntario con discapacitados si ellos me afectasen de la manera tan profunda que lo hacen las personas en riesgo de pobreza o ya sumidos en esas pésimas circunstancias. Simplemente, si fuese al centro de día en el que están esas cuatro niñas, acabaría cada día emocionalmente destrozado. 

Aunque justo hoy también he terminado emocionalmente destrozado por algo que ocurrió en mi centro. Estábamos en el parque, yo junto a uno de los niños, cuando el mayor de todos se me acercó, se me puso delante, mirándome a los ojos, de pie frente a frente. Yo esperaba un abrazo porque cada vez siento que somos más amigos y tenemos un contacto muy sano. Sin embargo, me pegó en la cara. Antes había experimentado episodios agresivos con otros niños, pero ninguno me había pegado directamente en la cara, donde saben que más duele. Y aunque en este caso no dolió físicamente, sí lo hizo de otra manera. Porque cuando creía que estaba en el mejor momento de mi relación con este chico, de pronto ocurre esto y todas las buenas sensaciones se evaporan. 



Comentarios

Entradas populares