Día 194: Romanticismo

El martes por la mañana viví una escena muy romántica. Una escena que podría incluirse en un libro titulado El amor en los tiempos del covid. Como cada mañana, bailábamos canciones infantiles. Una niña quería bailar conmigo pero formamos parte de grupos distintos, así que debemos evitar el contacto. Ella estaba con su grupo en una sala y yo, con el mío, en el pasillo. Solo nos separaba un grueso cristal a través del que nos veíamos perfectamente. Así que apoyé mis dos manos en el cristal y la niña hizo lo mismo, colocando sus manos frente a las mías. De esa forma, dándonos la manos a distancia, empezamos a bailar cada uno a su lado del cristal. Algo se removió dentro de mí durante los menos de dos minutos de esta romántica escena.

Por la tarde hice bastante ejercicio jugando con los niños en el columpio. Ellos se columpiaban y yo corría hacia su posición desde muy lejos, intentado no golpearlos aunque de vez en cuando lo hacía porque era lo que les hacía verdadera gracia. Aunque si algo les provoca la risa mientras se columpian es que te vayas cruzando de un lado para otro diciéndoles cosas o poniéndoles caras, mientras ellos se acercan a ti por la fuerza de la gravedad y tú intentas escapar al golpe en el último instante con un movimiento veloz. A veces pienso que cuando mis compañeras me ven haciendo eso se comentan a sí mismas: "ya está el español toreando".


 

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