Día 187: Escondiendo libros

16 de marzo. Otra fecha un tanto especial en Lituania. Se homenajea a aquellos que, durante la ocupación de la URSS, se jugaban la vida repartiendo clandestinamente libros en lituano. La URSS solo permitía el uso del ruso. Así que durante casi todo el siglo XX, el lituano permaneció casi en desuso a nivel público, solo se hablaba entre familiares y con la seguridad de que nadie escuchaba, una seguridad no demasiado frecuente por la existencia de instituciones de espionaje tan crueles como la KGB. Sin embargo, los lituanos, con el orgullo nacional que les caracteriza, lograron transmitir el idioma de generación en generación y, de hecho, llegado el momento de debilidad de la URSS, la lengua fue una de las armas de rebeldía. Los ciudadanos alzaban la voz, juntos, con cánticos en lituano. El contenido de los cánticos no era lo importante, sino el idioma. Además, los lituanos sienten un cariño particular por su lengua, la más antigua de toda Europa. Una lengua compleja, con apariencia primitiva porque se pueden formar frases largas con pocas palabras, pues en muchos casos no usan determinantes ni preposiciones como tal, cambian la propia palabra para indicar si se refiere, por ejemplo, a que vas a ir "a" un lugar o que has estado "en" ese lugar.

Me da la sensación de que así como idiomas como el español o el inglés se han ido simplificando con el paso del tiempo, adaptándose a un mundo cada vez más globalizado para internacionalizarse; el lituano no ha evolucionado en ese sentido. Ha mantenido su dificultad, defendiéndose de que los extranjeros se apoderen del idioma para mantenerlo como algo identitario. Y sirva de ejemplo el inglés, ¿quién puede presumir de su idioma como símbolo de identidad nacional cuando la mayoría de la población mundial lo habla a un nivel bastante decente? El lituano casi que no sale de las fronteras del país y, si lo hace, es en la garganta de un lituano. 



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