Día 173: La Sweeney Todd de Estambul

¿Os acordáis que os conté que los niños me transmitían mucha electricidad, que me daban calambres? Pues no es lo único que les acerca a ser personajes de una novela del realismo mágico. Hoy no ha sido un día fácil con dos de los niños y me han dicho, literalmente, que "están en esos días del mes". Hasta hoy no me lo habían contado pero resulta que cuando hay luna siempre tienen un día monstruoso, complicadísimo, violento, en el que manejarles resulta imposible. De hecho, yo he recibido nalgadas, empujones y amenazas.

Sin embargo, también hemos hecho mi nueva actividad, una casita para pájaros que colgaremos en un árbol del parque. Este mes de marzo intentaremos hacer actividades relacionadas con la naturaleza por la llegada de la primavera, que parecía que ys estaba aquí porque los días eran más calientes pero solo fue un espejismo.

Y bueno, que ante la imposibilidad de encontrar una peluquería abierta y que me atendieran o me diesen hora, le he dado el poder a mi compañera de piso para que me corte el pelo. Estoy escribiendo esto antes de que lo haga porque no quiero hacer mi público mi juicio del resultado final XD

Ya hay resultado y no lo voy a juzgar. Pero quiero hablar del proceso. Me ha dicho mi compañera que me sentase en el suelo, en plan como para meditar, y me ha puesto mi sábana más grande por encima. Ha traído un espejo que ha puesto en el suelo apoyado en mi cama y ha empezado a cortarme el pelo. La escena era de barbería del siglo XII. Hay fotos, pero me las guardo para mí. Algunos momentos deben ser íntimos y este es uno que merece la pena conservar con exclusividad en la memoria del piso. Sobre todo por el buen rato que hemos pasado. 



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