Día 172: El incendio- No Sidonie

Después de meses en los que, por culpa de la nieve, no hemos pisado el parque que tenemos en el centro, por fin hemos vuelto. El tobogán, los columpios, las telas de araña... Se nota que los niños lo echaban de menos porque ayer pasaron un buen rato en el parque, muy excitados, jugando a perseguirse. Uno de los niños, autista, suele abrir los brazos como si estuviese volando. Cuando se columpios lo hace más a menudo y con una cara de felicidad inalcanzable para la inmensa mayoría. Muchos deseando poder volar y otros pueden hacerlo solo con su mente.

El día acabó un poco extraño. A última hora siempre suele quedar el mismo niño en el centro y yo con él. Estábamos en un pasillo con la luz apagada (les encanta porque tienen una mayor sensibilidad a la luz y les moletasta. Nos tirábamos una enorme y sueva rueda el uno al otro, tumbados en el suelo para que nos pasase por encima. En eso estábamos cuando, de pronto, suena la alarma de incendios. Una alarma chillona, con una voz aguda que rompía los tímpanos. Mi tutora vino rápidamente porque pensaba que el niño, al que le gusta hacer locuras, había tocado algo. Pero no. Y a partir de ahí hubo unos momentos de pánico hasta comprobar que todo estaba en orden y que la alarma había saltado por error. Pero de verdad que hubo bastante nerviosismo por unos minutos, justo los anteriores a volver a casa. Así que todos salimos del centro con una sensación extraña. 
 


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