Días 130 y 131: Profesionales de la comunicación

Uno de los problemas de la sociedad con la discapacidad mental es que creemos que viven aislados del mundo que les rodea, que no se enteran de lo que pasa a su alrededor respecto a política, por ejemplo, o respecto al covid ahora mismo. Pues bien, mientras ves a gente madura y sin ningún tipo de discapacidad diagnosticada que se quita la mascarilla en el bus, por poner solo uno de los millones de casos, en el centro hay niños y niñas que se la ponen de vez en cuando aunque estén exentos de ponérsela. Y lo hacen porque saben lo que está ocurriendo a su alrededor. A la mayoría no les puedes pedir que te expliquen la situación politicosocial en Estados Unidos o el auge la extrema derecha, obviamente, pero comprenden perfectamente el entorno en el que viven. Así que hay que tener cuidado con lo subestimarlos en este sentido.

Claro que en los casos más severos de discapacidad mental les cuesta entender hasta su propio entorno. Pero sí se comprenden a sí mismo, sus cambios en el cuerpo, los cambios en su vida, en sus hábitos... Sin embargo, cuando vemos a alguien con una discapacidad mental severa creemos que no se entera ni de eso. Y hay gente que llega a pensar que tienen suerte por no enterarse de nada. Hay que ser... 

Además de las reflexiones basadas en hechos, esta semana una compañera de trabajo me dijo que le sorprendía lo bien que me comunicaba con uno de los niños que no habla el idioma. Sí lo entiende, pero claro, yo no lo hablo. Entonces, convivimos sin ningún tipo de comunicación verbal. Sin embargo, de tanto compartir tiempo, hemos establecido un sistema de comunicación con gestos que nos permite comprendernos sin ningún problema. En el centro de día me he sentido más profesional de la comunicación que cuando he trabajado como periodista. Porque cuando hablamos de profesionales de comunicación nos olvidamos de todos esos trabajadores sociales que se dedican a intentar entender y a hacerse entender con gente con menos capacidad para comunicarse. Y eso tiene mucho más mérito y conlleva más esfuerzo, en cuanto a comunicación, que escribir, locutar o presentar. 



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