Días 125 y 126: La rampa

Los miércoles son menos miércoles si lo primero que haces al llegar al trabajo es ponerte a bailar con el Just Dance. A algunas niñas del centro les encanta y o que puede parecer simplement bailar, para estos niños supone mucho más. No sólo hacen ejercicio con continuidad (algo que le cuesta tener en las actividades) sino que mejoran la coordinación, uno de los defectos más comunes en la discapacidad mental.

Una de las cosas que más enganchan a los niños del cento son las guerras de nieve. Todos los días me sigue alucinando como convertimos la capa de nieve que cubre la cancha de nuestro centro en un patatal de bolas de nieve.

El jueves estaba muy nervioso porque iba a hacer una nueva actividad. Consistía en construir una rampa con cuatro carriles. En lo alto se ponen los coches, obstaculizados por un muro, y cuando el muro se levantan, los coches bajan corriendo hacia la meta. Las habilidades para cortar de los niños que participarían en la actividad son bastante limitadas, y las piezas para construir este juguete debían ser bastante precisas. Así que debía dárselo todo cortado, lo cual fue un trabajo que me llevó bastante tiempo. Además, tenía que construir mi ejemplo para que viesen el objetivo de la actividad. La verdad es que pensaba es que no me daría tiempo a prepararlo todo, pero al final lo logré.

En todas las actividades es necesario realizar un ejemplo que los niños vean previamente y apoyarse en eso para llevarlo a cabo ellos con la ayuda de un monitor. Sin embargo, en esta actividad el ejemplo era aún más importante. ¿Por qué? Porque habia seleccionado esta actividad exclusivamente porque se trataba de construir un juguete, algo que les pudiese impresionar de verdad y con los que, digamos, se viesen recompensados si hacían correctamente la actividad. Me tengo que esforzar como en todas las actividad, vale, pero esta vez tendré un juguete a cambio. Ese era el razonamiento que buscaba y lo conseguí.

Cuando los niños vieron mi ejemplo se excitaron y jugaron durante un rato. Mis compañeras les dijeron que en las mesas tenían las piezas que debían pintar para construir sus propia rampa y no tardaron nada en sentarse, al contrario que la mayoría de las veces, que les cuesta prestar interés en la actividad. Por lo tanto, he dado con la formación de captar la atención de los niños y que se impliquen con la mayor concentración posible en un proceso creativo. Mis compañeras me felicitaron y yo me fui a casa tan feliz como un niño con un juguete nuevo.



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