Días 123 y 124: ¿Qué?
A la hora de buscar actividades para los niños con discapacidad mental, lo de que sean niños es secundario. Lo primero es tener en cuenta sus discapacidades. Esto quiere decir que sus cualidades serán muy diferentes y que resulta muy complejo captar la atención y que la mantengan durante toda la actividad. Es verdaderamente un reto. Por eso, las dos primeras horas de trabajo del lunes las invertí en buscar alguna actividad interesente. Y lo cierto es que para el tiempo que dediqué, tampoco conseguí demasiado. Ese balance es el ejemplo ideal de lo complicado que es este trabajo.
Este día también sirvió para concretar el proyecto personal que llevaré a cabo en el centro. Durante los meses que me quedan en Kaunas, prepararé junto a los niños recetas españolas, una por comunidad autónoma. Antes de ponernos a cocinar, les enseñaré una presentación sobre la región correspondiente. Así, aprenderán cualidades culinarias y, de paso, les introduzco a una cultura diferente y a un país distinto para que en ellos crezca la curiosidad por, cuando sean adultos, conocer lo que hay más allá de Lituania.
Martes. Cada vez puedo comunicarme mejor en lituano y estoy intentando tener conversaciones con los niños. No es fácil porque mi nivel es muy básico y porque a ellos resulta complejos entenderlos. Sin embargo, tenemos mini charlas graciosas. Como el martes, cuando le pregunté a una de las niñas sobre la edad de su hermano y me respondió: "Óscar, ya te lo he contado cientos de veces". Y tenía razón. Esta niña, además, me vacila un poco porque cada vez que le pregunto algo me suele decir: "¿Qué?". Como si no le entendiese, aunque lo haga perfectamente.
Fue un día en el que acabe agotado. Sobre todo porque la última hora la pasé con uno de los niños lanzando una rueda grande y acolchada de un lado a otro del pasillo. Él se ponía en medio, estirado, para que la rueda le pasase por encima. Y después, me tocaba el turno a mí. El único respiró fue cuando uno de los chicos del centro, el mayor de todos, hizo una videollamada. Este chico hace meses que no viene por la situación del covid. Él puede estar en casa con sus padres y es mejor evitar el mayor número de contactos posibles. En la videollamada, habló con este niño con el que yo estaba jugando. Este niño no habla, emite sonidos, sílabas y muy pocas palabras legibles. Sin embargo, le intentaba contar lo que estaba haciendo añadiendo gestos. Una de las cosas que más me emocionan es verles haciendo el esfuerzo de comunicarse con sus amigos porque realmente les aprecian. Y claro, es tan emotivo como gracioso. Lo más gracioso en esta situación es que el niño, intuí por sus gestos, le estaba explicando al chico que permanecía al otro lado del teléfono, en su casa, nuestros juegos con la rueda. Y lo hacía de forma muy seria, como si estuviese hablando de la declaración de la renta, cuando en pleno juego no para de descojonarse. Ese es el tipo de escenas que estoy viviendo aquí y que nunca se me olvidarán.



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