Días 113, 114 y 115: 2021
El día 1 lo empezamos borrachos. Bueno, yo el que menos todo hay que decirlo, porque fui el único que tomó la sabía decisión de beber solo cerveza. Nos montamos una fiesta interesante en casa, los cuatro compañeros de piso, y hasta bailamos un poco. Así, hasta pasadas las 3 de la mañana aguantamos de celebración.
El resto del fin de semana fue de vaguería total, excepto el primer partido baloncesto del año que Clément y yo jugamos sobre una pista llena de hielo. Estos tres primeros días del año vi tres películas. Por enésima vez, Clerks, y me río tanto como durante la primera ocasión que la vi. El sábado vimos Cafarnaún, una increíble historia de un niño de Etiopía. También muy recomendable. El domingo, lo acabamos con una película turca sobre un hombre con discapacidad al que incriminan en la muerte de la hija de un militar. El hombre también tiene una hija y en algunos momentos de la película se comprende que la discapacidad no tiene por qué ser un obstáculo para criar a un niño. Incluso, puede ser una virtud porque, por ejemplo, este padre es capaz de cumplir con las responsabilidades de cualquier padre pero, a la vez, tiene una mentalidad infantil con la que su hija disfruta de una manera envidiable. Cuando se llega a ciertas edades, lo infantil toma una connotación negativa, y creo que es una enorme equivocación.



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