Días 96, 97 y 98: ¡Galletas!

Quizá pensaron que se habían librado, al final, de mis retaílas, porque me había cansado de escribrilas. Pero no. Esta semana tengo que agrupar demasiados días porque digamos que no mi actividad ha sido mínima. El martes decidieron dividir a los empleados del centro en dos grupos que se alternarían cada semana. Así que no tendría que trabajar hasta el lunes (hoy). Ese martes fue un día muy agradable en el centro. Jugamos fuera con la nieve, hicimos manualidades navideñas y decoramos las galletas que habíamos cocinado el lunes con forma de estrellas fugaces, árboles o renos. Me preguntan mucho que si echo de menos las Navidades en España. Me lo preguntas cualquier otro año y diría que sí. Pero justo este año, no, por lo evidente.

Aquí la cosa está chunga y el miércoles a las 00:00 entraron en vigor nuevas vidas que no te permitan ir a otra ciudad, ni reunirte con personas que no sean convivientes. Las tiendas que no son de alimentos han cerrado y te recomiendan solo salir de casa para lo imprescindible. Cuando llegué a aquí, hacíamos vida totalmente normal. Hace dos meses y medio estaba en una discoteca repleta de gente.

Hablando de España, donde la situación epidemiológica estaba mucho mejor, me planteo dos cosas. O es que en la sociedad de lo viral la gente comprende mejor la asociación del adjetivo viral a un vídeo o a un meme que a un virus. O es que la gente prefiere irse de compras a pasar las Navidades con su familia, y con la seguridad de no contagiarles, con los riesgos que parece que nos hemos olvidado que conlleva.

En mi piso hemos tomado la decisión de reducir el contacto a solo nosotros mismos. Y pasar el tiempo cocinando juntos (como mi rica porrusalda), jugando a las cartas, contándonos nuestras vidas, viendo pelis y series. Y eso es lo que estamos haciendo. 

 



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