Este fin de semana fue un tanto especial porque
celebramos el cumpleaños de Clémentas. Todo empezó el viernes cuando
tocaron la puerta y, al abrir, veo a un hombre con la típica preciosa
cesta de regalo. Tenía mucha fruta, queso, más queso... Supusimos que
era para Clément así que se la dejamos en frente de la puerta de
habitación y tocamos. Salió como si acabase de terminar una pena de doce
años de cárcel y no haya hecho absolutamente nada durante ese tiempo.
Pero cuando vio el regalo se le dibujó una sonrisa en la cara. Se lo
habían mandado los de la Cruz Roja, donde hace su voluntariado. Parte
del contenido de la cesta lo compartió jugando a las cartas, escuchando
música y bebiendo ron, cerveza y vodka. Luego, vimos The Prestige, una
de las peores películas de Christopher Nolan.
El
sábado fue el Día Internacional del Voluntariado. Había actividades
online programadas y yo me uní a un trivial. Empecé yo solo en un equipo
al que llamé "Clément is the worst person in the world". Lalou se unió
al equipo en la segunda ronda. Y bueno, que perdimos, quedamos últimos.
Porque somos ignorantes y porque no nos lo tomamos muy en serio. A
preguntas como "¿puedes los burros verse las cuatro pezuñas?",
respondimos: "No, lo hemos probado con Clément". O a la pregunta:
"¿Hacen falta habilidades o conocimientos para ser voluntario?", nuestra
respuesta fue: "Claro que no, mirad a Eugene". Nos lo pasamos bien que
era mi objetivo. Después, nos volvimos a emborrachar y Clément cocinó
algo que parecía las típicas lentejas españolas, pero lo hizo echándole
chocolate. Estaba muy rico. Jugamos y hablamos. Continuamos con nuestro
plan de matar a Clément durante este año y, así, entrará en el Club de
los 27 junto a Amy Winehouse, Kurt Cobain o Jimy Hendrix.
El
domingo vino Eugene y fuimos a jugar el baloncesto. Nosotros ya éramos
cinco y se nos unieron unos niños lituanos que, como no, jugaban mejor
que nosotros. En serio, soy un poco pesado con eso pero es que nunca
había visto en una sociedad un talento innato en alguna actividad
concreta y tan extendido. Uno de los niños, que tendría seis años, no
habló durante todo el parte. Y, de pronto, después de casi una hora,
roba un balón y dice: "Not today". Qué cabrón. Nos hizo muchísima
gracia.
Acabamos el fin de semana de celebración viendo Pesadilla antes de Navidad. Bueno, yo me quedé sopa, para qué mentir.
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