Día 91: El amor en los tiempos del covid

Ha llegado un punto en el que me cuesta distinguir entre las cosas sobre las que he escrito y sobre las que no. Y puede que me repita con la siguiente. El jueves en el centro había solo un niño y dos niñas. El niño tiene un cariño especial por una de ellas, que va en silla de ruedas. Cuando la ve, se le ilumina la cara, se pone junta a ella, cuidándola, intentando mimarla y hacerla reír. Claramente, lo que ese niño siente es amor, aunque no lo pueda comunicar con palabras. Ella tampoco puede comunicar con palabras lo que siente por él, pero es que tampoco puede hacerlo con gestos porque son muy limitados. Incluso con su cara, porque sus constantes dolores de estómago le obstaculizan la reacción a todo lo que no sea ese dolor. Además, el niño no comprende bien las fragilidades de ella y tenemos que pararle cuando, por ejemplo, le intenta mover en exceso. En definitiva, que es una relación muy bonita y, al mismo tiempo, muy compleja.

El jueves celebramos el cumpleaños de la otra niña que estuvo ese día en el centro. 14 años. Y no se le veía nada contenta. Sabía que faltaba mucha gente. Comimos tarta separados por un metro de distancia. Y le dimos sus regalos. Yo también recibí regalos por mi cumpleaños, más de un mes más tarde, pero ha sido cuando las cuarentenas lo hicieron posible, y por el Día Internacional de Voluntariado. Me quieren agradecer que esté aquí con ellos, ayudándoles, pero lo cierto es que soy yo el que me siento infinitamente agradecido. 

Por la noche nevó y a Lalou y a Clément no se les ocurrió otra cosa que ir a darse un paseo y escribir mi nombre bajo mi ventana. ¡Y duró tres días más!
 

 

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