Día 81: La educación online de los olvidados

Se ha hablado mucho de la educación online durante estos meses. Los expertos se han hartado de publicar textos sobre cómo enseñar correctamente a los niños de forma virtual, se ha comentado la necesidad de mantener la escolarización a través de la tecnología y nos hemos acordado hasta la saciedad de aquellos que no tienen acceso a los dispositivos necesarios por vivir en una situación precaria. Pero, una vez más, nos olvidamos de los discapacitados. Los niños del centro de día en el que trabajo en Kaunas, por ejemplo, necesitan de una dinámica que, si se rompe, puede suponer para ellos una dura enajenación. Además de que el centro de día es el lugar en el que tienen más personas centrados en ellos con el objetivo de desarrollar sus capacidades más útiles en la vida adulta. Precisamente por sus limitaciones, cada día de escolarización para ellos es mucho más fundamental que el de cualquier niño sin ningún tipo de discapacidad.

El lunes, nosotros intentamos seguir un poco con la rutina habitual mañanera de forma online (ejercicio a primera hora antes del morning circle). Y, sinceramente, resulta un absoluto desastre. Primero, porque los padres necesitan acompañarlos a la mayoría de ellos (en el sentido de trabajar con tecnología son muchos más dependientes de un adulto que un niño sin discapacidad) y, obviamente, los padres trabajan, por lo que no pueden unirse todos los niños que nos gustarían. De hecho, los que se unen son los más "independientes". Y a pesar de eso también requieren de ayuda. Además, virtualmente les resulta tremendamente complicado entrar en dinámica y mantener la concentración. La educación online en discapacitados mentales es un reto que hay que afrontar igual que se ha afrontado con los no discapacitados, pero resulta tan complejo que nadie se atreve a encarar el problema. 

Pasando a temas más personales. Estuve jugando al baloncesto (hacia unos cinco minutos que había llegado a la cancha) y de repente se me acerca un tío con un buldog francés y me empieza a hablar en lituano. Le digo que nesuprantu lietuviskai y me empieza a decir en inglés que me ve cada dos por tres jugando, y que si aguanto el perro y le permito tirar unas canastas. Pues empezó a tirarlas mientras me preguntaba y qué hacía en Kaunas. Pues así como 10 minutos yo sujetando a su perro y él jugando con mi balón hasta que empezó a nevar de nuevo y me tuve que volver a casa. Acabó jugando él más que yo. 

Por la tarde, pasamos a otro deporte, el ajedrez. Clément resultó vencedor de la partida que jugamos. Aunque la verdad es que me dejé ganar, como hago a veces cuando jugamos al basket uno contra uno, porque si gano yo siempre nunca va a querer jugar XD Después de cenar nos pusimos a ver la última película de Guy Ritchie, The Gentlemen. Os la podéis ahorrar. Guy Ritchie hace tiempo que dejó de acertar en su constante búsqueda de estructuras distintas y de diálogos espontáneos con cierta gracia. 





Comentarios

Entradas populares