Día 105: Linksmu Kaledu!

24 de diciembre. No es la primera Navidad que voy a pasar fuera de casa. Ni tampoco será el primer Fin de Año fuera. Así que lo llevo bien. La noche anterior habíamos intentado ver una película francesa, una comedia llamada rrrrrrr. Estaba bien, pero me quedé dormido y no eran ni las 10 de la noche. Tenía un cansancio físico acumulado enorme y el miércoles, como expliqué, se había sumado el cansancio emocional. Así que el día 24 estaba despierto a las 6 de la mañana. Me puse al día con la NBA viendo el derbi angelino y la pana de Brooklyn sobre Golde State. Luego, hice el primer flan de mi vida. Y por la noche, durante la cena, comprobaría que el resultado era inesperadamente positivo. A mí me tocó hacer el postre, a Clément el entrante, una cosa parecida al Demogorgon. Kübra hizo un primer plato que estaba riquísimo entre picante y salado (no os fieis de mi paladar). Y Lalou el plato principal, una especie de "pastel" relleno de lentejas. Y unas bolas de papa. La verdad es que nos montamos una buena cena. Y, después, nos dimos los regalos. Los míos tuvieron todo el sentido. A Kübra le regale un peluche de un elefante porque dice que ese es su animal, y un mechero con un hombre muerto jugando al baloncesto, porque así es como juega ella XD. A Clément le regalé un juego de cartas llamado Bandido porque eso es lo que es. Y a Lalou unos calcetines porque siempre va descalza en casa y yo odio los pies. Los calcetines tienes virus dibujados y la frase "Fuck you, i am safe". Son de actualidad. A todos les escribí una carta con la firma de cada uno de los Reyes Magos. La carta de Kübra estaba compuesta por frases de esas canciones de reggaeton viejo que tanto le gustan. La de Lalou era un poema en francés usando las pocas palabras y expresiones que sé cómo la port, voulez vouz couche avec moi o Bon Voyage. La de Clément era una carta en su español de garrafón, que se acerca al italiano. Curiosamente, él me escribió una a mí en el mismo pseudoidioma.

A mí me regalaron cervezas belgas, toblerone, un bolígrafo de un Santa Claus boxeador y, sobre todo, tiritas porque cada vez que jugamos al baloncesto me caigo un par de veces. Los padres del centro y el propio centro también me hicieron un regalo. No he sentido ninguna falta de cariño o afecto, todo lo contrario. Porque además, a pesar de la situación, tenemos una tecnología increíble gracias a la que he podido cenar con mi familia estando ellos en Tenerife y yo en Kaunas.
 



 

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