Días 78, 79 y 80: Un muñeco de nieve jugando al baloncesto

Este fin de semana se ha inaugurado la temporada de nieve en Lituania. Una capa blanca ha empezado a cubrir las ciudades en lo que solo es un previo aviso de lo que será un duro invierno (duro para mí, pero no para los lituanos, que creen que cada año esta estación es más cálida, como si el adjetivo cálido pudiese relacionarse con estas temperaturas). Y con la llegada de la nieve, ya he terminado de aceptar que debo de vestir como no me gusta. Es decir, como si fuese un muñeco de nieve, con gorro, bufanda y guantes. Sin olvidar, por supuesto, la mascarilla, lo que aporta el toque definitivo de comedia a un atuendo propio de El hombre invisible de Wells. Vestido de esa aparatosa manera, el viernes por la tarde fui con Kübra a dar un paseo por el centro de la ciudad, a introducirla, digámoslo así, en los lugares más reconocibles de Kaunas. Nos dimos el lujo de tomar un chocolate caliente en una de las muy pocas terrazas que aún tiene permiso para persistir en esta situación de covid. 

El sábado, Eugene vino por la mañana con la idea de jugar al baloncesto. Claro que empezó a nevar a borbotones y yo me intenté negar a jugar. Pero Eugene es ruso y, como bien me dijo, este clima para él no es nada. Así que pensé que, por intentarlo, no perdía nada. Pues con gorro, bufanda y guantes, fuimos a la cancha y confirmé mis sospechas: que es demasiado incómodo jugar con tanto abrigo, por lo que va a ser difícil disfrutar del baloncesto durante el invierno. Luego, estuvimos en casa, jugando, riendo, contándonos cosas, viendo cómo Eugene dormía sorprendentemente sobre el suelo con la postura de una momia. Y poco a poco, el fin de semana fue decayendo en una espiral de cama, manta y pantallas. 




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