Días 73 y 74: Los guantes mágicos

El domingo fue un domingo muy domingo. Valga la redundancia para retratar cuán domingo fue. Hice más bien poco, y digo poco porque no me agrada la perfección implícita en la palabra nada. Quizá estuve tan vago porque sabía que el lunes volvía al centro después de tres semanas de trabajar, y se trataba de un prolegómeno de concienciación. Pues bien, no me había olvidado de la rutina de las mañanas, ni del horario de la guagua, ni del camino hacia el centro de día. Pero cuando llegué, todo era muy diferente. Para empezar, de repente veo a una de las trabajadoras con mala cara y se va a casa porque ha empezado a dolerle la cabeza, se ha tomado la temperatura y tiene fiebre. Ahora, a esperar con impaciencia los resultados de su test, con la misma tensión con la que ves los mejores thrillers de Hollywood, aguardando un final inolvidable. Segundo, había muy pocos niños porque algunos han tenido contacto con casos positivos o sus padres, simplemente, están trabajando desde casa y prefieren cuidar de ellos personalmente. Así que el día fue tranquilo. Descubrí que a Dalius le hace mucha gracia el inglés, que Krystupas tiene unos guantes mágicos que en la oscuridad se ven fosforescentes y te persigue fingiendo ser un monstruo. Lo pasé bien. Lo echaba de menos. Y eso me da una idea de cuánto lo echaré de menos cuando me tenga que volver. 



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