Por
fin, ya somos libres de nuevo. El martes ha sido nuestro primer día
postcuarentena, y ya ha podido venir Eugene para ver el Zalgiris-CSKA,
que ganó el equipo ruso apurado, y la exhibición de España frente
Alemania. En realidad, estos partidos eran una excusa para pasar cuatro
horas jugando a Danish. Tenemos una pequeña obsesión con ese juego, y
ayer se nos fue definitivamente de las manos. A pesar de haber estado
dos días sin salir de casa, nuestro primer día de liberación tampoco dio
para hacer mucho porque una densa niebla vestía la ciudad. Así que en
realidad el martes se pareció bastante a un día de cuarentena.
El
lunes, una trabajadora de mi centro vino a casa a darme un libro sobre
el Gentle Teaching, el método de enseñanza que usar en el centro de día,
para que lo estudie antes de volver al trabajo la semana que viene.
Estuvimos hablando unos minutos sobre la situación en Lituania en
general y la cercanía de las Navidades. Ella no verá a la familia, a
pesar de tenerlos cerca, solo por evitar el riesgo de contagiar a los
padres o a los abuelos. La gente sigue asustada, tanto como en
marzo-abril. Y, de hecho, en Lituania he percibido cómo tienen más miedo
al virus que en España, lo que provoca que respeten más las
restricciones o llevar mascarilla.
El
mejor momento del lunes fue, sin duda, cuando salgo de la habitación y
me encuentro, en la cocina, a Clément disfrazado de Santa Claus (en su
caso San Nicolás, porque es lo que celebran en Bélgica, y es el 6 de
diciembre), con una barba hecha de cartulina blanca y una especie de
corona improvisada también con cartulina. Y esa misma persona, Clément,
es la que dice que mi síntoma del covid era que mis sentido del humor
era cada vez peor, que decía chistes más malos cada día. Aiiiii mi madre
la convivencia que nos espera.
El
fin de semana vi los dos derbis canarios, el de baloncesto y el de
fútbol. En el de baloncesto, el mejor jugador del Granca en el partido
fue un lituano que lanzó un triple desde muy lejos y el narrador dijo:
"Lo ha lanzado desde Kaunas". Es una tontería, pero me hizo ilusión y me
sacó una sonrisa. Este fin de semana he cocinado zarangollo, un plato
murciano que estaba increíblemente bueno. Y también hemos vuelto a hacer
sushi, y se medio mejor que la última vez la verdad. Después del sushi
vimos una peli francesa llamada "Cannes, la ciudad del miedo". Después
de ver decenas y decenas de comedias francesas, por fin he encontrado
una que me haga reír de verdad, casi de principio a fin. Os la
recomiendo mucho la verdad.
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