Días 60 y 61: La vida online
En cuarentena lo mejor es publicar el diario a pares. De lo contrario, cada día se resumiría tan breve que sería hasta triste. Como triste fue el lunes porque hacía un día espléndido y nosotros estábamos aquí, encerrados, con las ventanas abiertas babeando mirando el sol. Es verdad que en esta cuarentena los días están pasando más rápido y no tengo una explicación para eso. Así se lo dije a una de las chicas de la organización que nos acoge en un meeting online que tuvimos para hablar sobre una idea que tuve. Consiste en hacer entrevistas a diferentes personas involucradas en el proceso de voluntariado. El proyecto tiene muy buena pinta porque los voluntarios quieren participar, así que contamos con recursos humanos y materiales (cámaras, ordenadores, etc). Pretendemos hacer distintos formatos de vídeo e, incluso, trasladarlo a un podcast y a texto. Ya nos hemos puesto a trabajar y espero que el covid no nos obstaculice demasiado.
El martes tuvimos otros meeting online con el grupo de voluntarios, a los que ya habíamos visto por la mañana en la clase de lituano. Me flipa cómo cambie el comportamiento grupal de la vida física a la online. Cuando estamos reunidos en persona no paramos de hablar, las conversaciones se solapan y se producen una sobre la otra. Sin embargo, online nos cuesta mucho más hablar, permanecemos en silencio como esperando un milagro.
Esta semana tengo que buscar manualidades para hacer con los niños. Realizar propuestas para llevarlas a cabo la semana próxima y, además, para elaborar nuestra propia decoración de Navidad. Cuando piensas en este tipo de actividades intentas encontrar algunas en que cada uno de los niños pueda participar lo máximo posible con sus virtudes y sus limitaciones. ¿Qué ocurre? Que esas virtudes y limitaciones son tan tan tan tan distintas que es imposible encontrar alguna actividad que no excluya a algunos de los niños, al menos, durante una parte del proceso.



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