Días 56 y 57: Recuarentena
Esta la cuarentena y la recuarentena. La primera se diferencia de la segunda porque es la primera y no la segunda. Y la segunda se diferencia de la primera porque es la segunda y no la primera. De resto son idénticas. Consisten en casa, cama, tiempo libre, aburrimiento, juegos, pantallas... Sobre todo pantallas. Ahora incluso mi trabajo sucede enfrente del ordenador, escribiendo sobre las dificultades que he encontrado en mi primer mes de trabajo. O viendo películas. El viernes me encargaron ver "The Black Balloon", sobre una familia en la que uno de los hijos tiene un autismo bastante severo. Principalmente, la trama gira en torno a la relación del discapacitado con su hermano, ambos adolescentes. La película juega mucho con tus emociones. Especialmente en un punto en concreto. Durante la primera parte de la trama ves cómo el hijo sin discapacidad tiene dificultades para asimilar que tiene un hermano discapacitado, se avergüenza y lo observa como una carga. Pues bien, el chico se enamora de una chica y en sus salidas se llevan al hermano discapacitado. Entonces, la película está unos 15 minutos mostrándote lo genial que están los tres juntos y se dulcifica mucho, pasando a ser blandengue. Lo que en un principio podría resultar decepcionante, se convierte en todo lo contrario porque ese cuarto de hora es muy relevante porque, de pronto, en una escena la relación entre los hermanos de forma muy violenta. Entonces, de los 15 minutos azucarados pasas a una escena bastante dura, logrando un shock en el espectador.
Lo que siente el hijo no discapacitado con su hermano en realidad son emociones que se pueden trasladar a muchos aspectos de la vida. Por ejemplo, la impotencia, la injusticia o la huída. Cuando este tipo de emociones se reprimen, lo normal es que estallen cuando aparece la chispa necesaria, como ocurre en esta brutal escena. Y, curiosamente, suele suceder después de un periodo de calma, en el que parece que esas emociones han desaparecido. Ocurre así porque esa chispa te pilla con las defensas bajas, desprevenido. Pero ese momento de shock en el que todo estalla es fundamental. Yo creo que a veces hay que tocar el suelo para volver a subir. Como se denota en la película, tras la violenta escena, la relación de los hermano cobra una nueva vida, mucho más madura, sensible y amistosa. El hijo no discapacitdo tuvo que tocar fondo para darse cuenta del valor que tiene su hermano para él, que si de verdad le quiere, no debe avergonzarse ni desear huir de su familia, empieza a aceptar las circunstancias que le ha tocado vivir. Y esa aceptación es, para él, el camino más rápido hacia la tranquilidad y la felicidad.



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