Días 50, 51 y 52: De prostitución, mafia y edificios ardiendo
Viernes. Kavine 49. Bar del centro de Kaunas con cerveza a 1,80. Probablemente, la cerveza más barata de toda la ciudad. Y, casualmente, es el bar que más atrae a los españoles. Cuando Laia y yo llegamos, había un grupo de españoles que se fue agrandando con el paso del tiempo hasta alcanzar alrededor de la veintena de personas. Intentamos "acercanos" a ellos (lo entrecomillo porque en realidad solo se trata de que Laia intercambió unas palabras con una de las chicas a la salida del baño). Pero el esfuerzo no dio sus frutos hasta que uno de los chavales se nos acercó y nos preguntó lo evidente: "¿Sois españoles?". A partir de ahí empezamos a hablar con algunos. Uno con pulserita de la bandera de España que vacilaba con que Laia fuera catalana. Típico graciosillo. Yo hablé con una chica que me preguntó de dónde era, cuando le dije que de Canarias me respondió que no tenía mucho acento, y le conté que llevaba 10 años en Madrid. Y yo le dije, sin embargo a ti se te nota mucho el acento andaluz. Y me responde, soy de Murcia XD. Olé.
Cuando hablamos con los españoles, Stefano ya había llegado. Nuestro querido amigo italiano intentó ligar con la murciana diciendo que tenía 25 años y había estudiado Periodismo y Literatura, especializándose en el siglo XX, por ejemplo, en autores como Lorca. La murciana afirmaba con una cara indescifrable. Lo cierto es que Stefano tiene 20 años y acaba de terminar el instituto.
El sábado (en el mismo bar) Stefano continuó sorprendiéndonos con sus locuras, intentando atravesar paredes, contándonos sus historias con la prostitución y la mafia, y decidiendo volver andando a casa (una hora y media de trayecto) a pesar de que íbamos a pedir un taxi, lo que le costó el enfado de uno de sus compañeros de piso (quien, por cierto, confesó que había quemado un edificio entero con 12 años cuando jugaba con unos fuegos artificiales con sus amigos). El mismo grupo de españoles volvía a estar en el bar el sábado, pero esta vez no hubo contacto con nosotros. Pero conocimos a otra española, a Nagore, otra voluntaria que ha jugado 10 años al baloncesto. Así que para el partido del domingo teníamos nuevo fichaje.
El sábado también jugamos. Y por la mañana fui con Laia al Fuerte Noveno, un lugar en el que han muerto decenas de miles de personas, especialmente soldados en batallas entre nazis y soviéticos, y judíos asesinados por los nazis. De hecho, aún se puede haber una especie de campo de concentración que allí había. Y dijo especie porque no se trata de un campo de concentración, era peor. Era una morgue para vivos. Porque les trasladaban allí para matarlos directamente, mientras que en los campos de concentración podían pasar años. La cuestión es que ahora la zona es preciosa y cuenta con una escultura en homenaje a las víctimas del nazismo.
Por cierto, ni una bandera lituana en todo el lugar. A ver si aprenden los políticos españoles de que las víctimas (de lo que sea) tenían su propia ideología, por lo que no se pueden apropiarla poniendo banderas en todos los homenajes y monumentos. En definitiva, es apropiarse de la memoria y pensamiento de un fallecido, y pocos gestos más feos e inhumanos podrás encontrar en político si lo piensas fríamente. Incluso peor que la estupidez y la corrupción.




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